Cuando me dieron la noticia que estaba embarazada, jamás imaginé que ese pedacito de gente me estaría contratando como su agente de reclamos y servicio al cliente. Claro, porque no es suficiente planificar y ejecutar menús familiares, también toca recibir las quejas frecuentes de “¡otra vez lentejas!”. Y donde digo lentejas, tu cámbialo por cualquier otro platillo: pollo, arroz, tortilla con frijol, etc.
Como padres, es frustrante ofrecer platillos que sabes que son nutritivos y balanceados, para que luego sean rechazados por nuestros exigentes comensales.
Te voy a contar un secreto, parte nutricional, parte de crianza: nuestro papel como padres es enseñarles a nuestros hijos (incluyendo al hijo de la suegra), que cada vez que nos sentamos a comer, tenemos una oportunidad maravillosa de nutrir a nuestro cuerpo. Cuando vemos ese platillo en la mesa desde el agradecimiento, desde una manifestación de amor propio porque nos merecemos comer balanceado y saludable, nuestra perspectiva cambia. Y esto también se lo podemos transmitir a nuestros hijos; frases como: “podrás rendir mejor en tu competencia, deporte, examen, en alcanzar tu meta de crecimiento”.
Una alimentación saludable y balanceada se mide por nuestro patrón de consumo, es decir, qué tan frecuente consumimos alimentos ricos en fibra como las frutas, verduras, granos integrales, legumbre, nueces y semillas. Un patrón saludable también incluye alimentos superfluos (ricos en calorías, grasas saturadas, azúcares y bajos en fibra); los cuales se recomienda una frecuencia de consumo baja o eventual.
Por ejemplo, en mi hogar procuro ofrecer lentejas al menos dos veces al mes, y varío la presentación, sabor y temperatura: Aquí te presento algunos ejemplos con enlace a recetas: boloñesa de lenteja, ensalada, sopa de lenteja, o por qué no, un hummus de lentejas y zanahoria. Y si me refunfuñan (amo esa palabra), les recuerdo que damos gracias por la oportunidad de nutrirnos. Además, el propio hecho de normalizarlo a que sea un alimento que está en constante rotación hace que con el tiempo sea más aceptado.
A veces nos rompemos la cabeza buscando recetas variadas y divertidas, y realmente nuestro esfuerzo debería dirigirse a continuar ofreciendo en cada tiempo de comida, una fruta o una verdura, en continuar comprando granos integrales, en mantener en tu vaso agua pura o infusiones sin azúcar en lugar de refrescos. Pequeños cambios que hacen una gran diferencia en tu salud a largo plazo.
Recordemos que nosotros, como padres, somos el referente para que nuestros hijos tengan una sana relación con la comida y elijan consumir un patrón saludable. Ojo, el cambio en la familia debe comenzar primero en nosotros como padres, quienes somos el referente de nuestros hijos y que modelamos la forma de comer.
Para cambiar nuestra forma de comer, recomiendo ajustar nuestra forma de pensar, nuestro mind set, y comenzar a decir “¡Otra vez lentejas! (pero sonriendo y un ¡yay! al final)”.
Lic. Adriana Figueroa
Especialista en crecimiento y desarrollo
Colegiado 3177